Portal de las Reencarnaciones
La más famosa obra Cabalística sobre la reencarnación.
El misterio de las almas y el camino de la rectificación
Hay preguntas que el hombre puede apartar durante algún tiempo, pero de las cuales no puede huir para siempre: ¿Quién soy? ¿De dónde procede mi alma? ¿Por qué una persona nace en determinadas circunstancias?
La sabiduría de la Kabbalah enseña que la vida no comienza en el momento del nacimiento, ni termina con la muerte del cuerpo. Existe una historia mucho más profunda.
El Shaar HaGuilgulim —Portal de las Reencarnaciones—, con las enseñanzas directas de Rabí Yitzjak Luria, el santo Arizal, y transmitido por su principal discípulo, Rabí Jayim Vital, abre una de las puertas más profundas de la sabiduría de la Kabbalah: la comprensión del recorrido de las almas, sus raíces espirituales, sus rectificaciones y las causas ocultas que vinculan una vida con otra.
El alma desciende a este mundo con una finalidad. En ocasiones completa aquello que debía completar; en otras, abandona este mundo antes de haber alcanzado su rectificación. Hay almas que regresan para reparar una transgresión, otras para completar una mitzvá (precepto), otras para elevar una chispa que quedó mezclada con las fuerzas de la separación y otras que descienden nuevamente para ayudar a otra alma en su proceso.
Por eso, desde las enseñanzas de la Kabbalah, la existencia humana no puede contemplarse como una sucesión de acontecimientos aislados o fortuitos. Lo que ocurre hoy puede tener una raíz mucho más antigua.
El alma no comienza aquí
Una de las grandes enseñanzas que emergen del Shaar HaGuilgulim es que el alma posee raíces y niveles.
El ser humano que contemplamos con nuestros ojos es solamente la manifestación exterior de una realidad mucho más elevada. Dentro de él existen dimensiones del alma —Néfesh, Rúaj y Neshamáh— y cada una de ellas se encuentra relacionada con raíces espirituales determinadas.
El Arizal explica que las almas no son iguales entre sí. Proceden de diferentes raíces y se encuentran vinculadas con distintas partes del orden espiritual. Por esta razón, tampoco sus rectificaciones son idénticas.
De aquí surge una enseñanza de enorme importancia: la finalidad de una vida no puede determinarse únicamente observando sus circunstancias externas.
Lo que parece una desgracia puede contener una rectificación. Lo que parece una facilidad puede contener una prueba. Lo que parece una inclinación natural puede ser la continuación de algo antiguo.
Y aquello que el hombre considera un obstáculo puede ser precisamente la puerta que se le ha colocado delante para que pueda alcanzar aquello por lo cual su alma descendió a este mundo.
¿Por qué las almas regresan?
El Guilgul no debe entenderse como un mecanismo de castigo ni como una decisión déspota. Su finalidad es mucho más elevada. El alma regresa porque existe algo que debe ser rectificado o mejorado; y esto en su evolución espiritual, le atrae un mérito enorme que no se encuentra en los Mundos Superiores.
Puede tratarse de una acción que quedó incompleta, de una mitzvá que no fue realizada, de una chispa que necesita ser elevada o de una relación espiritual que requiere reparación/comprensión.
Pero existe también otra dimensión: El alma puede regresar no solamente por aquello que debe reparar, sino por aquello que puede hacer. El alma viene al mundo para transformar la materia en servicio, la oscuridad en luz y la separación en unión. Cada acción realizada con intención adecuada puede participar en esta obra.
Por ello, el Arizal no presenta al hombre como un prisionero de su pasado. Al contrario. Precisamente porque existe rectificación, existe posibilidad de transformación y evolución espiritual.
¡El pasado explica; no necesariamente determina!
El alma y la rectificación
La palabra Tikún —rectificación— ocupa un lugar central en toda la enseñanza del Arizal.
Rectificar no significa convertirse en otra persona. Significa llevar aquello que se encuentra incompleto hacia su estado de completamiento.
Cada alma posee una tarea particular. Algunas rectificaciones son comunes a todos los hombres; otras pertenecen exclusivamente a una raíz determinada. Por eso, el trabajo espiritual no consiste en copiar el camino de otra persona. Cada alma tiene su propio camino.
La persona debe descubrir dónde se encuentra su verdadero trabajo: qué debe dominar, qué debe corregir, qué debe elevar y qué debe entregar al servicio de la Santidad.
El alma conoce su tarea, aunque muchas veces la materia/cuerpo nos haga olvidarla. Aquí es en donde entra en juego el recuperar esas memorias eternas guardadas en el alma, y para ello es que tenemos esta imprescindible herramienta llamada Shaar HaGuilgulim, mediante el cual podemos conocer nuestra raíz del alma: ¡en qué lugar se encontraba nuestra alma cuando fue hecha la creación!
El Libro
Esta traducción del Shaar HaGuilgulim que presentamos aquí, está cuidada en cada detalle, palabra y término, para que la persona pueda adentrarse en la concepción del alma, sus raíces, sus recorridos y su rectificación.
Todo nuestro trabajo de traducción de hebreo a español ha sido realizado con el propósito de acercar este texto al lector y conservar la precisión de su terminología y la profundidad de sus enseñanzas. De ahí que además contenga el texto hebreo original.
